Elena Martín Vivaldi

1907-1998. Nace en el seno de una familia universitaria. Su padre, José Martín Barrales, fue catedrático de Ginecología y hombre de talante progresista. Fue una de las pocas jóvenes que cursaron el bachillerato en el Instituto Padre Suárez, a comienzos de los años veinte. La poeta cursó posteriormente estudios de Magisterio y más tarde se licenció en Filosofía y Letras, en 1938. Accede por oposición al cuerpo de Bibliotecas, Archivos y Museos, en 1942, que le supuso el estímulo y la tranquilidad de estar rodeada de sus más preciadas herramientas artísticas, los libros. Elena Martín Vivaldi es la poeta granadina más conocida de todos los tiempos. Su obra poética está ampliamente difundida a través de revistas literarias, habiendo sido incluidos muchos de sus poemas en antologías y traducidos para publicaciones extranjeras. Mucho se ha escrito sobre esta mujer afable, conversadora, íntima también, y de extraordinaria sinceridad poética, intentando adscribir su obra a un determinado movimiento literario. Representa, para algunos, el punto de enlace entre la generación del 27 y todos los movimientos posteriores (Antonio Carvajal, Luis García Montero, Rafael Juarez, Javier Egea, Luis Muñoz, ...). Para Gallego Morell, “Elena Martín Vivaldi pertenece a una Andalucía poética que no va a remolque de Alberti o de Lorca, sino que enhebra con el aliento de Juan Ramón Jiménez y de Salinas después y de Becquer antes”... Pero su poesía, de acentos íntimos y profundos, de intenso lirismo y honda tristeza, que se expresa en el lenguaje de una naturaleza sentida, interiorizada, de otoños, de lluvia, de árboles...no puede adscribirse con rotundidad a ninguno de los movimientos literarios conocidos. Todo el desgarro entre su vitalismo y su soledad existencial, su honda tristeza, su acendrado romanticismo, su amor a la naturaleza están en estos primeros poemarios en los que es posible percibir la huella de Juan Ramón Jiménez: Escalera de luna, de 1945, El alma desvelada, de 1953, y Cumplida soledad, de 1958. En Materia de esperanza, de 1968, el eje poético es el dolor interno por la maternidad frustrada. De forma similar a la “nobel” chilena Gabriela Mistral, el vacío de sus entrañas le provoca dolor, porque no nace de una decisión personal. De este modo, en esa historia de soledades en que se va conformando su trayectoria lírica, pasamos del primer desgarro inherente al desengaño amoroso a un segundo estadio proveniente del dolor de la no-maternidad. Durante este tiempo, de 1972, representa la madurez sensitiva, intelectual y lírica de la genial poeta granadina, el momento culminante de su trayectoria poética. Reconciliada con la soledad profunda del alma sensible, abre la puerta a una variedad temática más rica en matices y, por tanto, en acentos poéticos, alcanza con este poemario la perfección expresiva. Después vendrán títulos como: Y era su nombre mar, y Nocturnos, de 1981. Su obra poética completa se publicó bajo el título Tiempo a la orilla, en 1985. Trece años después Elena nos dejaba, y con ella se iba una de las voces poéticas más claras y sugerentes de la literatura andaluza de posguerra. Sin embargo nos queda un testamento poético en el que su experiencia personal se universaliza y se hace experiencia colectiva. Aunque su trayectoria poética está marcada por la indagación de los sonidos de la soledad, la poesía de Martín Vivaldi no es en absoluto pesimista, sino que insta al ser humano a acentuar las formas de sentir, con la voracidad de quien no quiere perderse nada del mundo. Para lograr la perfecta comunión con el tú poético, el yo lírico se despliega en miles de fórmulas métricas, desde las más tradicionales a las complejas, pasando por el versolibrismo tan caro a la generación poética en la que Martín Vivaldi desarrolla su labor. Este legado humano y poético que la poeta granadina nos ha dejado obtuvo en vida merecido homenaje. Así, en el II Encuentro de poetas andaluces de 1982, su nombre fue aclamado como el de maestra indiscutible de las generaciones posteriores a la suya. En 1988 recibió el nombramiento de Hija predilecta de Granada. Fue, así mismo, galardonada con la medalla de la Real Academia de Bellas Artes de Granada y son más los honores que se le rindieron y que no nombramos por no ser prolijos. Pero, sin duda, el mejor homenaje que se le puede hacer a Elena Martín Vivaldi es revivirla en la lectura íntima y sosegada de sus versos, aprendiendo de ella no sólo la maestría poética, sino también de su bagaje humano inmenso. Tal vez estas líneas escasas pero sentidas puedan rescatar del libro cerrado sus poemas, para regalarnos una lección de humanidad.

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